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LA MUSICA CRIOLLA
Y SUS REPRESENTANTES

 

La música criolla del Perú es consecuencia de un proceso de influencias sociales, políticas, económicas y geográficas sobre los habitantes de sus tres zonas naturales clásicas: Costa, Sierra y Selva. De entre ellas, Costa y Sierra recibieron los aportes más significativos de la música y bailes de España a través de los soldados de la Conquista y de élites dominantes durante la Colonia.

En la Costa, es la zona donde la riqueza de la música española acentuó su presencia durante los tiempos de la Colonia, hasta establecerse definitivamente en los aires musicales populares durante la República, dando lugar al nacimiento de lo que se conoce como Música Criolla de Perú.

El criollo, con su comportamiento en diversas actividades de la vida diaria, delimitará el territorio bajo su influencia. Así, el provinciano o el extranjero "se acriollará" en la medida que celebre y se adapte a las controvertidas manifestaciones de la picardía popular de La Victoria, a las variantes culinarias fuertemente sazonadas típicas de Abajo el Puente, al valsecito jaranero de Los Barrios Altos y el Cercado, en fin, al espíritu de la gran Lima.

Remontándonos en la historia, concluiremos en que la música hecha por los negros es el antecedente principal del criollismo con títulos de autores anónimos como ‘La Moza Mala’, ‘El Alcatraz’, ‘La Zamacueca’, esta última criticada duramente por el costumbrista Felipe Pardo y Aliaga al encontrarla vulgar e indecente, pero que más adelante derivaría en la peruanísima marinera.

Por los años de 1830 a 1844, la sociedad peruana estaba muy atareada en resolver grandes problemas en la recién instaurada república. Eran los años difíciles de la Confederación Peruano-Boliviana. No había tiempo para danzar, por lo que, según los cronistas, el vals recién entraría a mediados de siglo, luego del gobierno del Mariscal Ramón Castilla.

 

 

 

 

 

 


Arturo “Zambo” Cavero, con su cajón, mientras una morena nos da una muestra del “festejo”

 

El vals vienés, muy de moda cuando llegó a los barrios populares limeños de la segunda mitad del siglo XIX, se convirtió en dichos lugares en valses-canción, a finales de la misma centuria. El criollo de ese entonces le volcó sus penas y alegrías, las cantaba y las bailaba. De esa forma, el valse tradicional comienza a tener arraigo popular, pues sus ideas melódicas están acordes con los sentimientos expresados en la letra.

En los albores del nuevo siglo surgen entonces nombres que harían relucir el cantar ciudadano. Aparecen Eduardo Montes y César Augusto Manrique en el distrito de los Barrios Altos; ellos son los primeros en grabar para la casa Columbia cerca de 195 discos de música peruana, todo un hito para esa época.

Alejandro Ayarza "Karamanduka" y su famoso vals ‘La Palizada’ se dan a conocer por todo Lima. Eran los tiempos en que el músico no recibía un centavo por su trabajo. "El premio mayor era la sonrisa de una zamba o saborear la presa más grande de un caldo de gallina" -como dice Manuel Acosta Ojeda.

Músicos como José Bocanegra, bandurrista y guitarrista nos legan valiosas piezas de colección para el criollismo. Otros títulos como ‘Idolo’ de Sancho Dávila, ‘Capulí ‘ de Nicanor Casas, alcanzan mucha popularidad entre el público.

Como una centella aparece en el firmamento musical don Felipe Pinglo Alva, paradigma del criollismo de todos los tiempos, con sus letras plagadas de crónicas políticas de la crisis de la época. ‘El plebeyo’, ‘El huerto de mi amada’, ‘El espejo de mi vida’ son algunas de sus más famosas composiciones. Para muchos, fue con Pinglo que la música criolla llegó a encumbrarse al máximo en el gusto de los limeños de esos tiempos.

Con el advenimiento de la radio se populariza mucho más el ritmo criollo. Algunos cronistas recuerdan que las emisoras radiales convocaban con fines de promoción a los más renombrados intérpretes del criollismo para que actúen en vivo. Según dicen, la aceptación del público era multitudinaria y los artistas disfrutaban directamente del calor popular.

Serafina Quinteras, la primera poetisa de la canción criolla con su ‘Muñeca Rota’, Lorenzo Humberto Sotomayor y su vals ‘Corazón’ y César Miró con ‘Todos vuelven’ son los más ”sonados" del criollismo.

En los años cincuenta, los puntos de reunión son los centros musicales como el "Felipe Pinglo Alva", el "Carlos Saco" en Barrios Altos, el "Ricardo Palma" en Surquillo, el "Valderrama" en el Rímac entre otros, dispersos, en ese entonces, en la aún creciente ciudad de Lima.

Era tanta la expectativa que los obreros y trabajadores ahorraban parte de su sueldo todo el año para poder celebrar el 31 de octubre como si se tratara de la festividad de Navidad o Año Nuevo. Narran los viejos criollos que, a pocos minutos de las doce de la noche, los grupos se apostaban a unos metros del centro musical para dar inicio a la serenata cuando fuera la medianoche, y para estrecharse en un cordial abrazo por tal memorable fecha.

Además, se organizaban caravanas en donde los directivos de los centros musicales se turnaban año a año la visita a los demás locales, sea en los barrios de La Victoria, Rímac, Barrios Altos, Lince, etc., terminando el recorrido en la madrugada al llegar a su respectivo centro musical, donde igualmente empezaba la jarana de "rompe y raja"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fueron las peñas y celebraciones en lugares de reunión como en la “Plaza Unión” y en “Barrios Altos” que se comenzó a propagar el criollismo musical peruano

 

Al tema ‘La Flor de la Canela’ de la limeñísima Chabuca Granda, hermosa pieza de colección que ha trascendido mundialmente, grabada en múltiples idiomas por igual cantidad de artistas, se añade el gran desfile de memorables composiciones como ‘Madre’ de Manuel Acosta Ojeda.

La Limeñita y Ascoy, Jorge Huirse, Eloísa Angulo, Teresa Velásquez, Manuel "Chato" Raygada, Alicia Maguiña, Augusto Polo Campos, José Escajadillo, Luís Abelardo Núñez, Félix Pasache, la Reina y Señora de la Canción Criolla Jesús Vásquez, conforman una gama de intérpretes y compositores que eternamente perdurarán en el sentir del pueblo.

Nombres como Bartola, Lucha Reyes, Cecilia Barraza, Cecilia Bracamonte, Eva Ayllón, Andrés Soto, el guitarrista "Lucho" Gonzáles, Félix Casaverde, Susana Baca, Arturo "Zambo" Cavero, Lucía de La Cruz, Daniel "Kiri" Escobar, Julie Freundt han llevado el ritmo criollo por todo el orbe, recibiendo halagos y distinciones del público foráneo.

El maestro de cajón Abelardo Vásquez
acompañando a Cecilia Barraza

 

El inmortalizado “Puente de los Suspiros”
de Barranco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alicia Maguiña y Eva Ayllón, son dos de nuestros grandes representantes modernos de la canción criolla

 

En la actualidad, los rincones en donde se va del torbellino de la modernidad con todo su alocado devenir hacia la brisa fresca y melodiosa de antaño, y donde se canta y se baila al ritmo de guitarra y cajón, sin importar la edad y condición social, son: el centro musical "Pedro Bocanegra", "Unión", "Barrios Altos", la peña de don Abelardo Vásquez "Don Porfirio" -donde los micrófonos y parlantes han quedado de lado para dar paso al sonido natural de las gargantas de los viejos y nuevos intérpretes-, "Breña", "La Valentina de Oro", la asociación cultural "Domingo Giuffra", entre otras.

 

 





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